El pequeño lobo-vampiro

Cuento infantil (7+ años) 

Escrito por: Paula Sicard

Valores: Expresar sentimientos, talentos únicos, familias grandes, celos entre hermanos, amor.

―Tengo una idea genial para un nuevo juego. ¡Ven, Priscila! Vamos al acantilado de atrás de la escuela, que he encontrado la manera de entrar en la cueva prohibida. ¡Trae tu escoba! 

―¿U-un nuevo juego? Mmmm. ¿Me-mejor por qué no terminamos antes la investigación sobre las propiedades de los ojos de rana que mandó la profesora Mortilia?

―No seas cobarde. Te has puesto amarilla y todo. ¿Te da miedo?

Priscila frunce el ceño.

―Drecko, después del último de tus fan-TÁS-ticos y diver-TI-dos juegos, nos castigaron y mi mamá me prohibió volar con mi escoba por un mes. No cuentes conmigo esta vez. Además, a esa cueva solo pueden ir niños mayores de diez años y acompañados con un adulto autorizado. Te recuerdo que aún te faltan tres años para los diez.   

―Yo soy un lobo-vampiro, no tengo que esperar hasta los diez. ¡Anda! Yo iré volando a tu lado. Nada te pasará. 

―TODOS tenemos que cumplir las reglas de la escuela.  No, Drecko. No iré. He dicho ―Priscila se da media vuelta. 

Zombix, que acaba de llegar y ha alcanzado a escuchar la discusión, decide acompañarla.  Después de su última experiencia con Drecko ya tuvo suficiente.

―¡Yo también huyo por la derecha! ―dice Zombix al aire mientras corre a alcanzar a Priscila.

―Qué dices, Zombix, ¿te anotas? ¡Puedo llevarte en mi espalda! ¡Priscila! ¡Zombix! ¿Por qué se van? ¡SON UNOS COBARDES! 

Drecko ríe con su mejor y más fuerte carcajada. Priscila y Zombix siguen su camino hacia la biblioteca sin mirar atrás. 

―Me gusta jugar con Drecko, pero últimamente nos mete en problemas ―comenta Zombix con tristeza.

―Espero que algún día aprenda… antes de que sea demasiado tarde ―Priscila suspira.

Este día, como todos los otros, Drecko no se detiene. Sigue su camino hacia el acantilado, pero a causa de su estruendosa risa, la profesora Mortilia lo ha alcanzado a escuchar y justo cuando se lanza al vuelo, lo paraliza en el aire con un hechizo. Drecko ha quedado congelado, con la boca abierta y los brazos extendidos. La profesora, con su varita, lo transporta directamente a la oficina del Director.  

Priscila y Zombix siguen con la mirada el recorrido de Drecko. Como una estatua voladora, dirigido por su profesora, entra de nuevo a la oficina del Director (esta vez por la ventana). 

―Otra amonestación del Director y seguro que otro castigo en casa―Zombix se encoge de hombros, entra a la biblioteca tras Priscila y cierra la puerta.

   Drecko es el único lobo-vampiro en su clase, pero en su familia hay muchos más como él. ¡Demasiados, diría él! 

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