Ojos de luz

Cuento infantil (7+)

Escrito por: Paula Sicard

Fotografía de Ivens Zambrano.

Valores: 

la imaginación y la fantasía: son la fuente de las grandes ideas y donde nos encontramos con nuestra esencia.

manejar la incertidumbre: mantenernos abiertos a la magia de las sorpresas.

amor propio y autoconfianza: somos magníficos.

aceptación de la diversidad: cada quién ve las cosas de manera diferente y su mirada enriquece la nuestra.  

En homenaje a María, nuestra Compañera de Ensueños en vida… y después de ella.

Paula

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Te hablaré de un inmenso lugar que alguien muy especial una vez me enseñó y en el que una vez viví. 

Es un lugar sin techo ni suelo. Un espacio infinito.

Allí pasa algo increíble: 

¿Puedes creer que existe un lugar que NO tiene luz pero está totalmente iluminado? ¿Sabes cómo es eso posible? ¿Sabes por qué brilla tanto?

Por las muchas, MUCHAS bolitas de luz que lo habitan. A primera vista podrías pensar que son estrellas multicolores. Sí, son estrellas ―muy brillantes, rojas, azules, amarillas, verdes… y de muchos otros colores que no sé cómo se llaman― pero estas bolitas también son algo más… Ya lo descubrirás.

En ese espacio de luz no hay tiempo, ni día ni noche.

No sé cuándo llegué. ¿O será que siempre he estado ahí? ¿Qué más da? Puede ser un instante o una eternidad… A veces solo con cerrar los ojos, ¡PUM! Ahí estoy.

En ese lugar no hay carros o aviones, pero se viaja a todas partes. 

Aunque no tienes voz para hablar, te comunicas con todo y con todos.

Esta es la historia de esa luz que fui y que soy, que fuiste, que eres, y que podemos encontrar en nuestros ojos de luz.

Tengo la loca idea de que quizás, en la medida que te cuente, puedas tú también ayudarme a recordar. Porque si en esta historia hay algo cierto, es que tú también has estado allí.

Esto pasó en ese infinito y fantástico lugar:

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Lucerito, inquieta y juguetona, da vueltas sin cesar mirando cómo su alrededor cambia. De tan rápido que gira, hace un tornado de luz que la envuelve, y crece y crece como un huracán de rayos de colores que va llenando el espacio. De repente otros se unen a su juego y se dejan llevar en ese divertido torbellino. Lucio parece volar sonriente y tranquilo como una plácida nube entre la tormenta, mientras que Lucía y Luzbel se mueven haciendo figuras como quien agita una luz de bengala. Dejan a su paso una estela que hace brillantes y coloridas letras gigantes. Escriben las palabras más hermosas que les vienen a la mente.

―C A B A L L O ―escribe Lucía en grandes letras amarillas.

―G A C E L A ―se lee en brillante fucsia, el color favorito de Luzbel. Siempre escribe y pinta con ese color.

Lucio se une al juego:

―P O P Ó ―escribe y ríe a carcajadas.

Lucerito para de girar. Las letras se le entrecruzan: O P, P O O P. 

―¡POOP! ―grita― Es lo mismo pero en inglés. ¡JA, JA, JA, JA! ―Lucerito no puede aguantar la risa. 

“¡JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA!”

Lucerito, Luzbel, Lucio y Lucía ríen juntos hasta que quedan en silencio, exhaustos y relajados.

―¿Entonces te vas pronto, Lucerito? ―Lucio cambia el tema.

―¡SHHHH! ¡No preguntes eso! ―le reclama Luzbel, siempre muy prudente. 

―¿Pero qué te pasa, Luzbel? Lucerito se va pero sabemos que siempre podrá volver y encontrarnos de nuevo. No veo el problema en preguntar.

―Pues sí, mi aventura se acerca. Para qué vamos a negarlo ―dice Lucerito con la mirada baja―. Ya me han dicho que debo estar feliz por eso. Es emocionante pero también me asusta. Además me da mucha tristeza saber que voy a olvidarlos, y también a este lugar.

―No lo olvidarás del todo, y nosotros estaremos pendientes aunque no nos recuerdes ―Lucio afirma sonriente.

  ―Yo pronto estaré allá también y nos encontraremos. De alguna manera te recordaré, y tú a mí. ¡Ese ha sido nuestro pacto! ―Lucía sonríe con ganas de animar a Lucerito, ¡y vaya que lo ha logrado!

―¡SIIIIIII! Allí estaremos juntas para aprender y disfrutar de nuestros regalos ―Lucerito brilla intensamente y su azulada luz se refleja en el horizonte cual el más hermoso amanecer. Está lista para partir. Sea lo que sea, sabe que va a estar bien y que será una divertida aventura. 

―Pero aún no es tiempo ―agrega―. Mientras llega la hora podemos seguir disfrutando juntos.

¿Ya adivinaste? Lucerito, al igual que sus amigos y todos los seres en ese lugar, son esas estrellas de las que te he hablado. Son coloridas y brillantes bolitas de luz que iluminan esta mágica inmensidad. Sus luces se combinan y hacen juegos de colores en el firmamento. Reflejan sus ánimos sin vergüenza; así pueden brillar el blanco más intenso de felicidad o el púrpura más oscuro de pena. Todos saben lo que sienten y piensan. Sus luces juntas mantienen el lugar en armonía. Se ayudan entre ellos y también ayudan a quienes están cumpliendo sus misiones, a través de sus sueños ―de eso te contaré más adelante.

¿Te preguntas qué es y cómo se llama este lugar? Pues no tiene nombre oficial pero a Lucerito y sus amigos les gusta llamarlo “El Jardín de los Sueños”. Así, este jardín es todo lo que pueden desear. A veces deja de ser jardín para convertirse en playa y mar. Otras, es montaña y nieve, una selva salvaje, una enorme biblioteca, una cama calentita o un gigante parque de diversiones. Solamente con pensar lo que desean, nuestros amigos inmediatamente se transportan a ello. ¿Se te parece a algo conocido? Te doy una pista: cierra los ojos y dime si lo puedes reconocer.

Lucerito quiere hacer una fiesta, sus amigos están felices con la idea. No saben dónde será. Ella lo quiere guardar de sorpresa, así que cuando están ya todos juntos hacen un círculo. Lucerito dice: 

―Okey chicos, a cerrar los ojos. ¡Sin hacer trampa! Les diré cuándo pueden ver… 

TRES…

DOS…

UNO… 

¡LISTO, ya pueden mirar!

―¡OHHHHHHHHHH!

―¡WOW!

Los sorprendidos chicos, con sus bocas muy abiertas, se encuentran sobre tibias y blancas arenas que se levantan en ligeras polvaredas movidas por la suave brisa. De repente una ola turquesa revienta en el horizonte hasta que acerca sus cálidas y transparentes aguas al lugar donde están reunidos. Un paraíso que se pierde de vista. El olor del mar los envuelve, a la vez que el radiante sol hace que los colores brillen aún más intensamente.

―A donde voy hay playas como esta. Lucía, este es uno de los regalos que recibiremos. ¿Qué esperan? ¡A divertirnos!

Lucio está buscando el mejor momento para hablar con Lucerito. No quiere perder la oportunidad de pedirle permiso a su amiga para ser su Compañero de Ensueños. ¡Esta idea le produce tanta emoción! Así que se queda plácidamente en la orilla admirando el paisaje y esperando…

Los demás se lanzan al agua. Lucerito surfea las olas mientras que Lucía y Luzbel bucean en las profundidades entre los más exóticos y coloridos peces y corales. 

En un momento sin que sus amigas se percaten, Lucerito sale del agua montada en un gigante pez plateado. El soleado día se convierte en la más bella noche estrellada. Da una mirada al lugar y con una gran sonrisa voltea a mirar a Lucio.

―Hasta pronto, amigo querido. 

Lucerito parece volar sobre el lomo del inmenso pez que reluce plateado bajo la blanca luz de la luna. El misterioso animal de repente se convierte en dos: un gran tiburón y un brillante y juguetón delfín. Lucerito los saluda con un fuerte abrazo, como quien reconoce a dos viejos amigos. Ella va montada a espaldas del majestuoso tiburón y los tres se alejan flotando. Lucio ve lo que parece una larga capa de colores amarillo, ocre y naranja, atada a las espaldas de Lucerito. La capa ondea suavemente con el viento y luego se agita con fuerza en el momento en que el gigante escualo se eleva, cogiendo fuerza para luego zambullirse hacia las profundidades y guiando a sus dos compañeros. El brillo de las colas de los dos animales hundiéndose en las infinitas y azules aguas es lo último que Lucio ve en el horizonte.

Ese día, en un pueblito a la orilla del mar ha nacido una niña. Sus padres la han llamado Marina.

Lucio ha quedado atónito. Lo que ha visto es de una belleza sin igual. Pero… De repente se da cuenta… ¡No le ha dicho nada a su amiga! ¡Ahora no sabe a dónde ha ido! ¿Cómo podrá decírselo ahora? Se siente tan, tan triste que de un sopetón el agua del mar y las estrellas se van. Sus sorprendidas amigas quedan sentadas en unas rocas, con sus máscaras de bucear aún puestas y las bocas abiertas.

―¡Lucio! ¿Qué ha pasado? Nos estábamos divirtiendo tanto con esa barracuda ―reclama Luzbel a lo lejos.

―¡Lucerito se ha ido! ¡BUAAAAAAAAA! ―Lucio llora desconsolado. Sus amigas no entienden.

De repente, con el llanto de Lucio, empieza una lluvia torrencial. Pronto empieza a correr un río incontenible, las niñas son arrastradas por la corriente.

―¡Ohhhhhhh! ¡LUCIOOOOOOOOO!

Luzbel y Lucía van a la deriva, ven a Lucio más adelante, plantado como una roca. Su luz se ha tornado de un color púrpura oscuro.

―¡AHÍ ESTÁ! ―grita Lucía.

―TRATEMOS DE AGARRARNOS DE ÉL ―Luzbel va adelante. Se aferra fuertemente a Lucio, quien ni se inmuta― ¡LUCÍA! ¡AGÁRRATE DE MÍ!

Lucía se desliza al tratar de cogerse de su amiga, pero Luzbel logra sujetarla justo antes de que se la lleve la corriente.

Ambas saben que su amigo está muy triste. Lo abrazan en silencio y ellas, con su color más blanco y brillante ―y también con su tibieza―, arropan a Lucio. La torrencial lluvia cesa en breve. Ya pueden hablar.

―Cuéntanos qué te ha pasado, Lucio ―le pide Luzbel.

Lucio responde aún sollozando:

―Lu-ce-ri-to se ha ido. No pu-pude decirle que quiero ser su Com-Compañero de Ensueños. ¡BUAAAAAAAAA! ―vuelve a llorar desconsolado.

―Podemos buscarla Lucio. ¡Te ayudaremos! ¿Verdad, Luzbel? ―dice Lucía entusiasmada.

Luzbel abre los ojos lo más grande que puede. No tiene ni idea de cómo es que van a ayudar a su amigo.

―¿Cómo me van a ayudar, si no tenemos ni idea a dónde fue ni cómo la llamarán sus padres?

Luzbel asiente tímidamente con los ojos aún muy abiertos. Lentamente va perdiendo brillo y tornándose de color gris.

Lucía afirma:

―¡Claro que podemos! Todo se puede. Y mientras más pronto empecemos, mejor. 

―T-tú te vas pronto también, Lu-Lucía. ¡No nos podrás ayudaaaaaaaaaar! ―Lucio no para de llorar.

―¿NOS podrás? ¡Yo no he dicho que voy a ayudar! ―replica Luzbel, quien ahora se ha puesto de color “nube a punto de tormenta”. No cabe duda de que está asustada de semejante tarea. Le parece que es casi imposible encontrar a Lucerito, sin mencionar cómo, si logran hallarla, van a hacer para que Lucio le pida ser su Compañero de Ensueños.

―¿Se les olvida que Lucerito y yo hemos hecho un pacto? No sé a dónde va ella, pero sí sé a dónde voy yo. Será un buen comienzo ―Lucía sonríe triunfante. Cree que con esto último ha podido convencer a sus amigos.

Lucio voltea despacio y mira a los ojos de Lucía. Deja de llorar. Muestra una tímida sonrisa y cambia su color a un violeta pálido. Aún suspirando después de tan intenso llanto dice:

―¡Es-es verdad! ¡L-la podremos encontrar! ―titubea un poco― ¿Y cómo voy a pedirle ser su Compañero de Ensueños?

―Eso mismo digo yo. ¿CÓMO? ¿Puedo saber por qué esperaste tanto para preguntarle? ¿En qué rollo nos has metido? ―Luzbel reclama más asustada aún.

―¿NOS has metido? ¡Ajá! ¡Entonces sí nos ayudarás! ―Lucía se ríe pícaramente de su amiga― Por supuesto que se lo vamos a pedir a través de sus sueños.

―¡Oh, claro! Está bien, está bien. ¡Ay, estoy asustada! ―Luzbel se relaja y por fin vuelve a brillar en su color fucsia favorito. 

―Esta será otra aventura más. Vas a ver que resultará muy divertida.

Con esta frase de Lucía se sella el trato.

Lucio brilla de nuevo.  Están listos para iniciar la búsqueda. 

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Los tres amigos no pierden tiempo. Enseguida se preparan para conocer los detalles del viaje de Lucía.

 ―Aún no lo conozco todo, chicos. Ustedes saben que esto tiene su magia y que a fin de cuentas muchas cosas dependen de lo que hagamos una vez que estemos allá. Sé que me encontraré con Lucerito pero no sé si será pronto o si tardaremos en reconocernos. No sé si seremos familiares o amigas ―Lucía encoge los hombros mientras les explica a sus amigos.

Lucio está un poco impaciente y decepcionado.

―Eso significa que quizás pueda encontrarla cuando ya sea demasiado tarde ―se lamenta, con la mirada baja.

―No te decepciones, Lucio. Si has de ser su Compañero de Ensueños, lo serás. Así funciona La Magia ―Luzbel por primera vez hace un comentario optimista.

Es que si hay algo que nuestros amigos saben, es que lo que ellos llaman La Magia está en todas partes y siempre a su favor, si ellos se dedican a ser ellos mismos y hacer lo que desean, que es su única obligación.

Los tres amigos están tan impacientes que Lucía sin querer ha hecho algo que no esperaba… Ha adelantado su momento de ida.

Una enorme águila dorada llega volando y se posa frente a Lucía. Ella la mira. Mira a sus amigos. Todos saben lo que esto significa. Los tres niños se quedan sin palabras por un instante.

―Lucía, dime ya. ¿A dónde vas?

―Mi casa queda en la montaña chicos. Síganme todo lo que puedan. Ya pronto nos encontraremos en mis sueños. Muchos éxitos en esta búsqueda. Espero ser de ayuda ―Lucía se sube a la imponente águila, que se agacha un poco y baja la cabeza para ayudarla a montarse en su mullida y dorada espalda. 

Los dos amigos las siguen con prisa. Vuelan todos, atravesando las nubes de algodón y bajan casi en picada hasta el mar, rozando las azules y tranquilas aguas. La suave brisa los refresca. Lucio tiene los ojos muy abiertos, no había bajado antes al mundo terrenal. Adora el zumbido que hace el viento mientras avanzan. En cuanto se encuentran con la falda de la montaña, cambian el rumbo y empiezan a subir alto, alto. Remontan hacia las blancas montañas y antes de llegar a la cumbre se desvían hacia un pequeño pueblo de techos nevados.

El águila se posa sobre el techo de una casa. Las patas del águila apenas encuentran espacio en el congelado y resbaloso techo, que se ve diminuto en comparación con el tamaño de la gigante ave. Una vez que halla estabilidad, Lucía desciende. Mira a sus amigos por última vez. Sonríe y entra por una rendija de la puerta. Una brillante luz sale por la ventana y poco a poco se apaga.

Ha nacido una hermosa niña llamada Lucía. Todo ha sido muy repentino y sus padres no han tenido tiempo de ir al hospital.  Lucía, por ser un poco prematura, es muy pequeña, pero en sus grises y muy abiertos ojos se refleja una luz llena de vida.

Desde ese día, Lucio y Luzbel no se separan de Lucía. Juegan y se divierten en grande.

Lucía crece feliz. Cumple uno, dos, tres años. Es muy amorosa y gusta mucho de jugar en la nieve, sobre todo hacer castillos. Durante un tiempo tiene un amigo imaginario. ¿Adivinas cómo lo llama? Lucio, por supuesto.

Pasan algunos años más. Lucía ya no tiene amigos imaginarios pero Luzbel y Lucio la acompañan en sus sueños. Han disfrutado mucho este tiempo. A los seis años, los padres de Lucía deciden mudarse a una ciudad en la falda de la montaña, cerca de la familia.

―Allá viven tus primos. Hay una prima de tu edad, Marina. Se harán grandes amigas ―Los papás de Lucía la animan. Realmente no hace falta que lo hagan. Ella piensa que ese viaje será una gran aventura y está feliz de que por primera vez podrá ver el mar.

―Lucerito nos dijo que viviría cerca del mar, Luzbel. Yo creo que pronto la vamos a conocer. Necesito ir arreglando el plan para encontrarla y preguntarle si acepta que sea su Compañero de Ensueños. 

―No desesperes, Lucio. Aún no sabemos si la encontraremos allá. Llegado el momento, sabremos qué hacer.

Lucio de todas maneras está haciendo su plan. ¡No puede esperar!

Un día antes de irse, Lucía encuentra una hermosa roca de cristal que refleja los colores del arcoíris. Decide llevarla. Piensa que es un buen regalo para su prima, a quien está deseosa de conocer. Llegarán a tiempo para celebrar el cumpleaños número siete de Marina.

Todo está listo, Lucía y su familia viajan en carro. Va cargado hasta el techo con paquetes, cajas y maletas. ¡Lucio y Luzbel van también, por supuesto! Lucio se recuesta de los paquetes en el techo. Luzbel trata de hacer lo mismo pero no se puede relajar. Se siente mareada con las pronunciadas y zigzagueantes curvas que bajan por la ladera de la montaña.

―¿Cómo es eso de que te mareas, Luzbel? ¡Ja, ja, ja, ja! ―Lucio se ríe con su amiga.

―¡No sé! Ja, ja, ja, ja.  No hace sentido. Creo que llevo muchos años en el mismo lugar.

A pesar del mareo de Luzbel, los amigos no paran de reírse durante el recorrido y disfrutan mucho el viaje. Están tan entusiasmados como Lucía. La han ayudado con algunos sueños sobre el mar. Ella está un poco asustada de bañarse en la playa, ¡y de las altas olas!, pero sus amigos le han mostrado cómo se puede divertir haciendo castillos, ahora en la arena.

Hay mucho trabajo en casa de Lucía para poner todo en orden y esperar la visita de los familiares que vienen a darles la bienvenida. Lucio y Luzbel observan con atención y de vez en cuando entretienen a Lucía en sus momentos de fantasía con su nueva vida. ¡Tantas cosas nuevas le esperan! Nueva casa, nueva habitación, nuevo colegio, nuevos amigos… Pero lo que más sueña es conocer a su prima. Es posible que Lucio y Luzbel hayan ayudado un poco con esto, ellos están también muy emocionados. Se les ha ocurrido la idea de que Marina sea Lucerito y cada vez que encuentran a Lucía en sus fantasías, le muestran sus propios recuerdos de su amiga. 

De vez en cuando Luzbel, prudente como siempre, pregunta: 

―Lucio, ¿qué vamos a hacer si no es Lucerito?

―Lucía sabrá reconocerla, si no es ella, será alguien más en este lugar. Estoy seguro. Nuestros recuerdos la ayudarán a encontrarla.

―Tienes razón, amigo.

A las seis de la tarde tocan a la puerta. La casa está aún llena de cajas sin desempacar, pero la mamá de Lucía ha hecho un rico pastel de fresas con mucha crema para cantar cumpleaños a Marina. Podrán tomar un merecido descanso para recibir a la visita.

Lucio no puede de la emoción. Lucía corre escaleras abajo para abrir la puerta. Lleva en su mano una caja en la que ha empacado cuidadosamente el hermoso cristal. Lucio ve el momento en que Lucía resbala y empieza a caer. Él no puede permitir esto. Este momento debe ser perfecto. Se lanza a rescatarla. Ella no entiende qué ha pasado, pero de repente ha logrado llegar de un brinco a la puerta. Pero su cristal se ha caído.

―¡Oh, no, mi cristal! ―grita Lucía volteando a todas partes.

Milagrosamente la caja está en el descanso de la escalera. Parece como si alguien la hubiese colocado ahí delicadamente.

Lucía la toma en sus manos. Su papá acaba de abrir la puerta. Entra una sonriente pareja, ambos altos y delgados, de tez morena. Detrás de ellos viene caminando despacio, un poco escondida entre las piernas de su padre, una niña de cabellos rizados, despeinados por el viento y teñidos de amarillo por el sol del lugar. Tiene la piel dorada y los ojos más negros y brillantes que Lucía haya visto. Con solo mirarla, piensa que la conoce de toda la vida. 

Lucía sonríe, Marina corresponde la sonrisa con timidez. 

Enseguida Lucía la toma de la mano.

―Hola prima, bienvenida a mi casa. Quiero mostrarte mi habitación. ¡Ah! Esto es para ti. Feliz cumpleaños.

Lucía pone el regalo en las manos de Marina.     

Marina recibe una caja de tamaño mediano, ¡pero cómo pesa! Las niñas corren a la habitación a abrirla. Marina coloca suavemente la colorida caja sobre la cama.  Desea abrirla con el mayor cuidado para no dañarla. 

Saltan a la vista las brillantes figuras geométricas que decoran esta fina envoltura de vivos azules, verdes, rojos y violetas. Encuentra una pestaña y retira delicadamente el pegante que la mantiene cerrada.  La abre muy despacio, como quien abre el cofre de un tesoro.

La luz que sale de la caja brilla más que la del sol del atardecer, que entra por la ventana. La cara de Marina se ilumina con los colores del arcoíris. Aún no sabe qué es, pero lo que sea, hace los colores más brillantes y hermosos que jamás haya visto.

―Es un cristal de la montaña donde vivía. Espero que te guste. ¡Hoy lo veo más radiante que nunca! ―exclama Lucía sorprendida y feliz.

Los ojos de Marina brillan aún más con el reflejo del hermoso cristal.

Luzbel está feliz, contemplando la escena.

―¡Lucio! ¡Sí es Lucerito! ¿Lo puedes ver en sus ojos? Esa luz es inconfundible. ¿Lucio? ¿Dónde te has metido? ¡LUCIOOOOO!

Luzbel no ve a su amigo. Lo ha buscado por toda la casa. Ha ido hasta la playa. “¿Será que se ha puesto nervioso?”, piensa.

―¡Lucio, amigo, la hemos encontrado! ¿Dónde estás? ¿Por qué te has ido? ―Una nube gris a punto de tormenta se ha posado sobre la casa de Lucía. Un trueno retumba y enseguida empieza a llover muy, muy fuerte.

Esa noche no para de llover. Marina y Lucía se han divertido mucho y han aprovechado el tiempo extra que les ha dado el aguacero. Pero los papás de Marina deciden no esperar más a que escampe. Su casa está a unas cuadras. Si van corriendo llegarán pronto.

Marina le pide a Lucía que guarde su cristal. Lo buscará al día siguiente cuando no esté lloviendo. 

Lucía está feliz de saber que verá a su prima al día siguiente. Le promete guardarlo y cuidarlo mucho.

Esa noche Lucía duerme plácida. A su lado, en su mesa de noche, está el cristal que brilla con tanta intensidad que su cuarto se ilumina con los colores del arcoíris.

Luzbel se ha calmado un poco. La lluvia cesa pero sigue muy preocupada. No sabe nada de Lucio. No entiende qué ha pasado. Ha dado vueltas por todo el pueblo, ha revisado techos, chimeneas y hasta las alacenas. Ha llegado hasta el oscuro fondo del mar y a lo más alto de las blancas montañas. No ha encontrado rastro alguno de su amigo.

Decide ir a la casa de Lucía. Descansará y empezará a buscar de nuevo desde el lugar donde lo vio por última vez.

Al llegar a la habitación de Lucía, Luzbel se siente encantada con la brillante luz del cristal. Ha identificado inmediatamente que el cristal encierra algo mágico. Pero no se imagina aún qué tipo de magia es la que contiene. ¿Se te ocurre qué es lo que contiene el cristal? Ya pronto lo sabremos.

Lucía duerme tan profundamente después de este día de viaje y de tantas emociones. Debe estar teniendo los sueños más divertidos pero Luzbel ni la busca. No tiene cabeza para jugar. Solo va de un lado al otro en la habitación, pensando cómo hallar a su amigo. De repente la luz del cristal se torna de color púrpura oscuro. Luzbel inmediatamente entiende.

―¡Lucio, te he buscado por todas partes! Al menos hubieses tenido la delicadeza de avisar ―Luzbel está hablando con cristal.

El cristal solo cambia de color a azul pálido.

―¿Pero qué es lo que pasa, Lucio? ¿Por qué no puedo hablar contigo? ―Luzbel no entiende. Necesita ayuda. Sabe que Lucio necesita ayuda. Sin pensarlo dos veces, se dirige al Jardín de los Sueños. Es el único lugar donde podrá conseguir la respuesta.

¿Que cómo llega? Como siempre, Luzbel cierra los ojos y sin más, corre en busca de ayuda. No tiene idea de dónde pero sabe que la encontrará. 

En su camino, se encuentra con el sueño de Lucía.

―¡Hola Lucía! Sé que la respuesta está más cerca de lo que pensamos.

―¡Hola Luzbel! ¡Mira con quién me he encontrado! ―Lucía responde sin hacer caso a lo que su amiga le ha dicho. Se hace a un lado y deja a su compañera de juego a la vista.

―¡LUCERITO! ¡Qué felicidad estar contigo de nuevo!

Ahora que se han encontrado, Lucía y Lucerito pueden compartir sus sueños como antes. Aunque al despertar recuerden apenas detalles muy borrosos ―o quizás ninguno.

―Chicas, tengo un gran problema, Lucio está atrapado en el cristal de colores. ¿Cómo podemos hacer para sacarlo de ahí?

―¡Pues fácil! ¡Hay que romperlo! ―razona Lucía con naturalidad.

―Muy bien. ¿Ahora cómo hacemos para que alguna de ustedes lo recuerde y lo haga al despertar? ―Luzbel como siempre, piensa en todos los detalles.

―¡OHHH! ―Las otras dos niñas entienden que hay un gran problema.

Los días pasan. Marina ya se ha llevado el cristal a su casa. Ella y Lucía se ven a diario. Comparten sus cosas favoritas y se cuentan sus vidas. Se reúnen en sus habitaciones, en la playa, en el parque, en la tienda… y poco a poco visitan cada rincón del pueblo.

Luzbel las ha seguido a todas partes. Se divierte de verlas juntas, las acompaña en sus sueños y ríe y ríe en compañía de sus amigas. Pero también está preocupada por Lucio, esperando el momento en que pueda ayudar a liberarlo. Sabe que ese momento llegará.

Una tarde muy gris y lluviosa, Marina y Lucía están muy aburridas. Se echan en la cama, en la habitación de Marina, con la vista hacia el techo. Los rayos de la tormenta hacen sombras en la habitación y con cada ráfaga de luz, el cristal parece brillar más intensamente. Así  se hacen unas interesantes y coloridas sombras por todo el cuarto. 

Marina se empieza a interesar en las figuras que hacen los juegos de luces. Le dice a Lucía:

―Esa sombra en el techo me recuerda algo.

―¡Ya sé! ¡Vamos a jugar a descubrir las figuras! ―Lucía responde entusiasmada― Yo veo un barco navegando entre nubes rosadas.

―Y yo un tiburón gigante que se acerca.

―¡Oh! ¡El barco está a punto de chocar con esa montaña azul!

―¡El tiburón va al rescate!

Poco a poco las dos niñas empiezan a volar en un mundo de fantasías. La habitación se convierte en mar y montaña. Hay una pelea de piratas y ballenas. Hadas que vuelan por la habitación y dejan estelas y chispas de luz con sus varitas.

Luzbel de repente empieza a ver cómo los ojos de sus amigas parecen brillar más intensamente y proyectan luces de colores. Se une al juego. Hace una figura de luz y pinta un hermoso castillo color fucsia. 

―¡Mira Marina! ¡Un castillo! Ahí podrán jugar las hadas.

Luzbel no puede demorar. Sabe que este es el momento que ha estado esperando. Hace la figura de un cristal ―color fucsia, por supuesto― cayendo y dividiéndose en dos.

Lucía y Marina se levantan, toman juntas el cristal de la mesa de noche. Cada una lo coge de un extremo. Se miran a los ojos, sonríen y lo dejan caer al suelo.

¡CRACK!

El sonido las despierta de su juego. El cristal se ha roto en dos partes.

―¡Oh, lo siento, Marina! No ha sido mi intención.

―Lucía, no te preocupes. Lo hemos hecho las dos. Ahora tenemos dos cristales. Aún se ven hermosos. Podremos quedarnos cada una con una mitad. Será el símbolo de nuestra amistad y recordaremos este día y este mágico juego.

Marina no ha terminado de decir esto cuando, con el siguiente rayo de la tormenta, una azulada luz parece desprenderse de los cristales recién quebrados. En fracciones de segundo al igual que el brillo del rayo, esta luz se desvanece. Las dos niñas ríen. Cada una escoge su mitad del cristal. 

Esta noche Marina vuelve a soñar con ese maravilloso pez plateado, mitad tiburón y mitad delfín que suele aparecer en sus sueños, pero esta vez hay una diferencia: su sueño se siente más como un recuerdo. Cada lugar y ser con quien se encuentra parece un lugar familiar o un viejo amigo. En su sueño, ella viste una larga capa de colores ocres, se sube al lomo del brillante pez y tienen el paseo más alucinante. Marina no puede precisar bien si ese viaje es en el fondo del mar o en el cielo, pero definitivamente siente que ya lo ha hecho antes. Se encuentra con amigos. Son niños que no ha visto pero que en el sueño parece que se conocen de toda la vida. Es como estar en casa. Lucio, ya liberado del cristal, es uno de ellos. Se acerca a Marina, quien lo recibe en un abrazo de luz.

―Lucerito ―así la llama su amigo, y ella reconoce que se dirige a ella. En su sueño no parecen importar los nombres― ¿Puedo ser tu Compañero de Ensueños?

―¡Claro que sí!

Luzbel y Lucía los miran emocionadas. 

Luzbel se da cuenta de que han cumplido su misión y que es libre para decidir a dónde ir. “¿Ahora qué haré?”, se pregunta.

Pero se da cuenta de que no desea estar en ningún otro lugar. Recuerda momentos maravillosos en compañía de Lucía. Cuando empezó a caminar, su primera caída y cómo Luzbel hizo las caras más graciosas hasta que la hizo reír para que se levantara de nuevo. Recuerda cada sueño que han disfrutado juntas. Luzbel lo sabe ahora. Es quien siempre ha deseado ser y está donde siempre ha deseado estar. Debe hacerle la pregunta a su amiga:

―Lucía, yo también deseo preguntarte algo: ¿Puedo ser tu Compañera de Ensueños?    

En la mañana, Marina no quiere despertar. Desea seguir soñando pero ha sido tan increíble que decide levantarse rápidamente para contarle todo a Lucía. 

―¡Prima! He tenido el sueño más maravilloso. Estabas allí, y teníamos dos Compañeros de Ensueños, y había un tiburón gigante, y yo usaba una capa de colores, por cierto, le pediré a mi abuela que me haga una igual. ¡Fue alucinante! ¡Te lo tengo que contar todo!

Desde ese día, Lucio y Luzbel, no pierden la oportunidad en que sus amigas sueñan o fantasean, para acompañarlas y jugar. 

A veces también las ayudan con ideas geniales o a que encuentren la solución a algún problema. 

Y es que cada vez que Marina y Lucía sueñan ―despiertas o dormidas―, sus corazones vuelan, sin que ellas lo sepan, al Jardín de los Sueños. Allí se encuentran con sus amigos y tienen viajes mágicos. Y así seguirá siendo. 

Porque los lazos de amor siempre encuentran la forma de mantenerse unidos…

FIN